Formatos digitales de audio

El  formato más conocido y utilizado actualmente es el MP3, pero ni es el único ni el mejor.
Tipos de formatos:

Formatos sin compresión

Para escuchar la música tal y como se grabó, exactamente con la misma calidad, hay que utilizar formatos de audio sin compresión, aunque presentan el inconveniente de que generan unos archivos que ocupan mucho espacio.

Entre ellos destacan el WAV y el AIFF. La diferencia entre ambos, en los que la música se oye con igual calidad, reside en su origen. En principio, el formato WAV es el que utilizan los ordenadores con sistemas Windows y el AIFF, los ordenadores con sistemas Apple.

Una canción en estos formatos puede ocupar entre 20 y 30 MB. Para almacenarla en un USB esta cantidad puede no parecer excesiva, pero para adjuntarla como archivo y enviarla por correo, por ejemplo, es demasiado grande.

Formatos con compresión

Para reducir el tamaño de un archivo se debe comprimir. Esto significa descartar la parte de la información que no se considera imprescindible.

Si esta selección se realiza correctamente, el resultado final será tan parecido al original que un oyente no percibirá la diferencia. Exactamente esto es lo que consiguen los formatos MP3 y OGG. Ambos utilizan técnicas parecidas, pero el MP3 fue anterior y goza de una mayor difusión. La ventaja del OGG sobre su antecesor es que es un formato de código libre, lo que significa que no hay que pagar por utilizarlo. En cambio, el MP3 sí es un formato registrado y los programas que lo usan deben pagar por ello.

Los dos utilizan criterios psicoacústicos para discriminar qué información mantienen y de cuál prescinden, es decir, que analizan la música y eliminan las partes que el oído humano no puede distinguir. Por ejemplo, está comprobado que si en una canción hay un sonido flojo y a continuación (en menos de 0,1 s) uno fuerte, el oído humano no es capaz de percibir el sonido flojo, así que se puede eliminar.

Cuando se popularizó el MP3 en 1995, provocó muchas discrepancias entre los especialistas sobre si la calidad quedaba o no mermada, peor hoy en día nadie cuestiona que la calidad es muy parecida a la de un CD.

Una canción en estos formatos puede ocupar entre 4 y 5 MB si se usa en una calidad normal, es decir, unas cinco veces menos que en formato WAV o AIFF.

La cantidad de MB que ocupa uno de estos archivos se puede variar modificando la calidad del MP3. Se pueden crear con unas tasas de calidad que varían entre los 16 Kb/s y los 320 Kb/s. La calidad que más se aproxima a un CD es la de 256 Kb/s, aunque también se usa mucho la de 128 Kb/s, ya que con ella se obtienen resultados muy buenos.

Práctica:

Ahora que ya conoces estos cuatro formatos, vamos a utilizarlos y a escuchar cómo suena cada uno.

  1. Abre el programa Audacity y grábate cantando una canción.
  2. Para grabar este fichero con la máxima calidad que te permiten el micrófono y la tarjeta de sonido, tienes que utilizar un formato sin compresión, por ejemplo el WAV. En el menú Fichero elegiremos la opción Exportar como WAV. Sin pedir ningún parámetro, Audacity guardará la canción. Si te fijas, verás que el archivo ocupa bastante espacio en el disco.
  3. Para reducir el peso del archivo, ahora vamos a convertir esta canción en MP3. Para hacerlo, debes descargarte la aplicación LAME MP3 encoder, disponible en esta dirección. Si no la tienes instalada, descárgatela e instálala. Después utiliza la opción Exportar como MP3, que encontrarás en el menú Fichero. En esta ocasión te pedirá algunos parámetros: título, artista… Es interesante que los rellenes, ya que es la información que aparecerá luego en la pantalla del reproductor MP3 que utilices.

Por defecto, Audacity aplica una tasa de calidad de 128 Kb/s. Si quieres cambiarla bien para mejorarla, lo que aumentará el tamaño del archivo, bien para conseguir que ocupe menos espacio, debes seleccionar el menú Editar y la oción Preferencia. En la pestaña Formatos de archivos encontrarás la opción Bit rate.

Audacity solo puede grabar los ficheros en tres formatos: MP3, OGG y WAV. Si quieres transformar un archivo a algún otro formato, por ejemplo AIFF, debes utilizar otro programa conversor.

A continuación, te presento dos que encontrarás en Internet de forma gratuita:

You convert it: Simplemente selecciona el archivo que deseas convertir y el nuevo formato que te interesa. Escribe tu dirección de correo electrónico y pulsa el botón Convert it. Aparecerá un cuadro con opciones que te permiten mejorarlo, pero para acceder hay que pagar. Si pulsas Skip, seguirá el proceso de conversión.

DocsPal: Este programa conversor es prácticamente idéntico al anterior; se diferencia en que no necesitarás escribir la dirección de correo electrónico.

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